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Balto, el perro que salvó a un pueblo de una epidemia

Muchas veces me pregunto qué significa ser un héroe. Esta noción va cambiando en nuestras mentes con el correr de la vida: cuando somos niños, los héroes son seres maravillosos, cuentan con poderes sobrenaturales, tienen rayos X, pueden volar, aparecer, desaparecer y transportarse en el tiempo y el espacio como por arte de magia. Son buenos, perfectos y capaces de vencer al mal de forma casi infalible. Por cierto, el bien y el mal están bien diferenciados. Por un lado tenemos a los héroes y, por el otro, a los villanos. En suma, de niños creemos en los verdaderos héroes.

Niña sobre estatua de BaltoNiña sobre estatua de Balto

Imagen / Eden, Janine and Jim.


Con el paso de los años, nos damos cuenta de que no es tan así: los héroes se convierten en seres reales, falibles e imperfectos, sin poderes especiales ni sobrenaturales. En ellos, el bien y el mal habitan de igual forma. Sin embargo, dentro prevalece el amor por sobre el odio, lo que les permite alcanzar grandes metas, sortear difíciles obstáculos y luchar por el bien propio y el de los demás. Y es que ése es el verdadero sentido de la palabra héroe: deriva de ‘eros’, que en griego significa amor. Dicho de otro modo, de adultos, tenemos la suerte de conocer a algunos héroes verdaderos.

Balto tenía un poco de los dos mundos: fue un héroe auténtico y real a la vez. Fue un perro Husky siberiano que vivió a principios del siglo XX en el pueblo de Nome, Alaska, Estados Unidos. Corría el mes de enero de 1925, y en aquel pueblo, ubicado en un extremo del noroeste del estado de Alaska, se desató una epidemia de difteria, una enfermedad que afectó principalmente a los niños de hasta cinco años de edad. Para combatirla, se requería de la toxina antidiftérica, pero en los hospitales de Nome no contaban con ella, por lo que había que reponerla. Entonces, se comunicaron por telégrafo con la ciudad de Anchorage, la capital del estado de Alaska, donde sí tenían el suero que se requería para erradicar dicha epidemia.

El inconveniente era que Nome se encuentra a 1.600 kilómetros aproximadamente de Anchorage, y dadas las inclemencias del invierno, el suero no podía trasladarse en barco, ya que los mares y ríos estaban congelados, ni en avión, dadas las abundantes tormentas de nieve. La única opción viable era llevarlo en tren hasta el pueblo de Nenana y, desde allí, hasta Nome. El tren recorrería 600 kilómetros desde Anchorage hasta Nenana y los 1.000 kilómetros restantes serían transitados por perros que se encargarían de llevar la medicación en trineos. Habían diseñado un sistema de relevos de los que participaron más de veinte grupos de perros guiados cada uno por un conductor. Ellos debieron soportar bajísimas temperaturas, que llegaron a alcanzar los 400 C bajo cero, fuertes vientos que los volteaban y los hacían caer y desistir. Atravesaron hielos quebradizos y resbaladizos, aguas congeladas, soportaron el esfuerzo y el cansancio extremo. Atravesaron montañas, tundras y bosques de píceas. Sin embargo, a pesar de todo, lo consiguieron.

Para la gran sorpresa de todos, el recorrido demoró tan sólo cinco días y medio y, el 2 de febrero de 1925, llegó a las calles de Nome el último grupo de perros liderado por Balto, a quien le tenían poca fe como líder. No obstante, tuvo la capacidad de demostrar lo contrario y conducir a su grupo a buen puerto, junto con su dueño Gunner Kaassen.

Balto, el perro salvador, junto con su dueñoBalto junto con su dueño


Balto se hizo famoso desde entonces. Figuró en las más importantes portadas de diarios de la época y, a fines de ese mismo año, se erigió en el Central Park de la ciudad de Nueva York una estatua en su honor, que miles de personas visitan a diario. Balto estuvo presente en la inauguración:

Estatua de Balto en Nueva YorkEstatua de Balto en Nueva York


Junto a la estatua, se encuentra una placa con la siguiente leyenda:

“Dedicado al espíritu indómito de estos perros polares que traspasaron en relevos la antitoxina a lo largo de casi mil kilómetros de ásperos hielos, aguas traicioneras y tormentas de nieve árticas en Nenana para llevar alivio al desolado pueblo Nome durante el invierno de 1925.

Resistencia – Fidelidad -Inteligencia”.

Al día de hoy, Balto es el superhéroe de los niños y, en especial, de los del pueblo de Nome, ya que gracias a su hazaña heroica y a la de sus compañeros, como por ejemplo, Togo, otro de los perros de la “carrera del suero de Nome”, todos los niños de aquel lugar se curaron y lograron erradicar la epidemia que los aquejaba. De hecho, todos los meses de marzo se celebra la carrera de perros polares de Iditarod que recorre el trayecto de Anchorage a Nome, en honor a Balto y a todos esos perros heroicos. En el comienzo del trayecto de esta carrera podemos ver esta estatua del superhéroe:

Estatua de Balto en AlaskaImagen / “Reywas92”. 


Tiempo después, trasladaron a Balto junto con los otros perros al zoológico de Cleveland, en el estado de Ohio, donde vivió hasta convertirse en leyenda. Lo llamaron así por el explorador noruego Samuel Balto, quien vivió en Nome durante la famosa fiebre del oro en la región. Al día de hoy, se encuentra exhibido en el Cleveland Museum of Natural History (Museo de Historia Natural de Cleveland) para quien quiera conocerlo:

Balto - Museo de Cleveland de Historia Natural HistoryImagen / Luke Scarano.


Tal fue la repercusión de este héroe de cuatro patas, que en 1995, Steven Spielberg creó la película de dibujos animados Balto, basada en la historia de este ilustre perrito. En la película, lo caracterizaron como mitad perro y mitad lobo, tal vez, porque los Huskies siberianos son muy similares a sus antecesores los lobos, de hecho aúllan como ellos, pero no ladran. Tal vez, se trató simplemente de una licencia poética de los autores.

Estoy a favor de la promoción de héroes reales y no imaginarios para los niños porque así podremos enseñarles una gran lección de vida: la idea de que ellos también pueden convertirse en héroes si emplean el poder más grande de todos, que es el poder del amor. Eso fue lo que hizo Balto por los niños de Nome y, por eso, ocupa un lugar en el podio de los más grandes.

 

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Laura Kluger

Laura Kluger

Laura Kluger es una escritora creativa aficionada a las historias de animales, ya sean basadas en imaginación o en animales famosos de la vida real.

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  1. José María Bernardo
    • Eduardo García Eduardo García