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Keiko, la ballena que dio vida a Willy

Recuerdo cuando salió Liberad a Willy en cine. Corría el año 1993 y, al igual que muchos niños, quedé fascinado con la historia del chico huérfano que se hacía amigo de una ballena a la cual terminaba ayudando a volver a su hábitat natural. Y sin duda alguna, recuerdo vívidamente la famosa escena donde Willy brinca por encima de Jesse para caer en el mar, escapando así de las garras del malvado dueño sin escrúpulos.

Pero de lo que nunca me enteré, hasta mucho más tarde en mi vida, fue de la continuación de esta historia en la vida real, con un guión mucho más complejo que el de la película, lleno de implicaciones sociales, políticas y éticas. Es el guión de Keiko, la verdadera ballena que interpretó a Willy en la película original, y que terminó convirtiéndose en la ballena asesina más famosa de la historia.

Los fans quedaron enamorados con su actuación y la ternura que transmitía en pantalla, y cuando se enteraron de que Keiko estaba viviendo en condiciones negativas para su salud, nació un movimiento para regresarla a su hábitat natural, llevando a la realidad el cuento de hadas que les hizo llorar; así empezó el reality show en el que participaron numerosas sociedades protectoras de animales, conservadores del medio ambiente, Warner Bros., UPS, un billonario de la industria de teléfonos móviles, y miles de niños de todo el mundo.

Keiko en IslandiaKeiko en Islandia


Cabe decir que resulta un tanto irónico que el mismo equipo de producción que escribió la historia de Willy utilizó a una ballena cautiva que entretenía en un parque acuático. Al principio, contactaron con Sea World (curiosamente, la antítesis total del mensaje de la película) para filmar en sus instalaciones (¿será por eso de “mantén a tus amigos cerca, pero a tus enemigos más”?), pero estos solo estaban dispuestos a facilitar sus piscinas si el final del guión era cambiado, haciendo que Willy no volviera al océano sino a un mejor acuario (como el de ellos). Ante esta negativa, los productores decidieron filmar en Reino Aventura (parque acuático en México), donde una ballena llamada Keiko (que en japonés significa “el suertudo”) se había ganado el cariño de los habitantes de la ciudad, actuando en espectáculos sobresalientes que entretenían a niños y adultos. Keiko era querido por todos en el parque, aunque en especial por parte de sus dos entrenadoras, Karla Corral y Renata Fernández, con las cuales tenía un vínculo muy especial. Keiko era inteligente, cariñoso y atento con todos. Cuando la película fue terminada y el equipo de filmación retiraba las cámaras, Keiko presintió que los que fueron sus amigos durante la película iban a marcharse, lo cual le puso ansioso y le hizo estrellar sus aletas contra el agua, mojando así a todos, intentando decir “¡no se vayan!”.

En una ocasión salvó la vida de un bebé de 18 meses que silenciosamente cayó en la piscina sin que su madre llegara a darse cuenta. La ballena nadó hacia el bebé y lo puso de vuelta en la superficie, evitando que se ahogara. Sin esta intervención, lo más seguro es que nadie se hubiera dado cuenta de la ausencia del bebé hasta que fuera demasiado tarde. Y para confirmar este instinto heroico está la escena de Liberar a Willy donde el niño cae en la piscina y pierde el sentido. En el guión se suponía que la ballena tenía que salvar al niño llevándole hacia la superficie, y para ello se iba a utilizar una ballena mecánica, pero el director decidió intentarlo de forma natural, dejando caer al niño y esperando que Keiko mismo fuera a salvarle. Efectivamente, la ballena lo hizo en el primer intento. Tal llegó a ser su fama, que el mismísimo Michael Jackson intentó comprarla y trasladarla a su rancho (aunque nunca llegó a suceder).

Animales Famosos - Keiko bajo del agua


Así pues, Keiko era querido por todos y todas, y más aún por los niños. El equipo de la película decidió poner un número de teléfono en los créditos finales de la película para que la gente llamara para informarse de cómo ayudar a Keiko, y la respuesta fue abrumadora. Más de 300,000 personas llamaron pidiendo que la ballena volviera a su hábitat, lo cual dio pie a un fenómeno social. Casi un año después se reportó que Reino Aventura había estado recibiendo 100 cartas diarias con solicitudes de “liberar” a Keiko. La fundación “Liberar a Willy – Keiko” fue creada meses más tarde, recibiendo donaciones de Warner Bros. (4 millones de dólares), el billonario Craig McCaw (2 millones), y la Asociación Protectora de Animales (1 millón), así como de niños que seguían recolectando dinero para ayudar a que el sueño se convirtiera en realidad. En total, más de 7 millones de dólares hicieron posibles la construcción de un “centro de rehabilitación” con excelentes condiciones, donde se entrenaría a Keiko para cazar su propia comida y acostumbrarla a elementos del océano que le esperaba. UPS donó el vuelo con el que se le trasladó hasta el centro, el cual por cierto estuvo lleno de complicaciones que pusieron la operación en peligro en diversos momentos, como un problema con el clima del día que hizo que el aeropuerto de destino cerrara temporalmente, alargando la agonizante espera de la ballena, que llevaba demasiadas horas encerrada en la parte de atrás del avión, y que no podría aguantar mucho más en esas condiciones. Afortunadamente, el problema se solucionó y todo terminó de salir bien…

Keiko en su hábitat


¿O no? Keiko llevó a cabo su entrenamiento al lado de Karla y Renata, sus inseparables entrenadoras y confidentes, y terminó volviendo a su hábitat natural con algo de ayuda del gobierno de Islandia, el cual facilitó sus aguas para la ballena. Sin embargo, estudios científicos han demostrado que Keiko nunca consiguió integrarse del todo con las ballenas que llegó a conocer. No conseguía aguantar la respiración mucho tiempo ni bajar tan profundamente como las otras, y volvía repetidamente donde sus amigos humanos para socializar con ellos y pedir comida. Tampoco consiguió volver a ver a su familia, ya que nunca se les pudo localizar. Lo que nunca cambió fue su estatus de celebridad, ya que personas de distintas partes viajaban varios kilómetros para verle nadar sin restricciones, acercándose tan cerca que podían llegar a acariciarle. Murió en diciembre de 2003, a la edad estimada de 27 años.

Keiko saltando


A pesar de todo, su reinserción puede ser considerada un éxito. Keiko consiguió disfrutar libremente de su hábitat y cazar su propia comida, lo cual es ya una ganancia grandísima para una ballena que estuvo tantos años fuera. Para todos aquellos que creen que los parques acuáticos son “cárceles” para sus delfines y ballenas, sin duda fue una experiencia inolvidable. La otra cara de la moneda es que se gastaron millones y millones de dólares (unos 20) para reinsertar a una sola ballena, lo cual pone de manifiesto cuan complicado es todo este proceso. Keiko tuvo la opción de vivir el resto de su vida lejos de los humanos, en el océano, pero seguía volviendo hacia ellos; existe controversia respecto a si esto lo hizo por elección o por necesidad, pero aún así me pregunto si es que Keiko se había convertido ya en “uno de los nuestros”, y si intentar cortar este “vínculo humano” en animales similares vale verdaderamente la pena. He ahí el debate. 

 

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Eduardo García

Eduardo García

Eduardo García es un fanático del mundo animal y graduado de guión y edición de cine. Co-fundó Animaltia para hacerle un humilde homenaje a los animales del mundo, y escribe en las secciones de Películas y Animales Famosos.

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